27
la distancia no existe.
el viejito contador de cuentos lo sabe.
el dolor no existe.
a veces le acusan de vivir en un mundo imaginario, y èl se queda pensando a ver si es cierto, sí no se habrà ya vuelto loco sin enterarse o de estar viviendo en un mundo imaginado e imaginable.
pero al atardecer, mira sus manos, las encuentra vacìas de miradas tiernas y atardecere, vacìas de gatos difusos y de silencios enamorados y no puede aceptarlo.
ese mundo que se ve de lejos y que no se entiende, es su mundo. es la posibilidad de construir un lugar màgico...
sì, lo reconoce mirando como las gaviotas conversan sobre la situaciòn en la frontera con un par de hormigas guerreras que estàn dispuestas a dar combate...puede que no sea la màs normal de las realidades...pero pero...es la que conozco, es la que vivo...
viva santa bàrbara carajo...
gritò y apagò la vela encendida de su sombra para dormir abanicàndose....abanicàndose
el viejito contador de cuentos lo sabe.
el dolor no existe.
a veces le acusan de vivir en un mundo imaginario, y èl se queda pensando a ver si es cierto, sí no se habrà ya vuelto loco sin enterarse o de estar viviendo en un mundo imaginado e imaginable.
pero al atardecer, mira sus manos, las encuentra vacìas de miradas tiernas y atardecere, vacìas de gatos difusos y de silencios enamorados y no puede aceptarlo.
ese mundo que se ve de lejos y que no se entiende, es su mundo. es la posibilidad de construir un lugar màgico...
sì, lo reconoce mirando como las gaviotas conversan sobre la situaciòn en la frontera con un par de hormigas guerreras que estàn dispuestas a dar combate...puede que no sea la màs normal de las realidades...pero pero...es la que conozco, es la que vivo...
viva santa bàrbara carajo...
gritò y apagò la vela encendida de su sombra para dormir abanicàndose....abanicàndose
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