cuento seis
el viejito contador de cuentos amaneciò con unas manchitas rojas en las piernas que le picaban. se puso arena de la laguna, rayitos de sol en compresas, silencios alborotados, pero seguìa con ese extraño malestar. tambièn le dolìa un poco la garganta y no podìa dormir. èl recordaba no haber estado enfermo. en santa bàrbara las enfermedades siempre se a´nuncian y luego vienen, y nadei le habìa anunciado nada.
de pronto, uno de los caracoles mensajeros que habìa empezado su viaje hace miles de años le llegò con un poema de jairo anìbal niño, huèsped ilustre de nuestro pueblo cuando lo quiera :
"supe que te amaba
-màs allà de toda duda-
el dìa en que estabas colocando un clavo en la pared
y te golpeaste con el martillo
y a mì me empezò a sangrar el dedo pulgar"
el viejito mirò sus piernas, tosiò y lo comprendiò todo.
el viejito sonrìo, guardò un martillo que tenìa cerca por si acaso y lo comprendiò todo....
de pronto, uno de los caracoles mensajeros que habìa empezado su viaje hace miles de años le llegò con un poema de jairo anìbal niño, huèsped ilustre de nuestro pueblo cuando lo quiera :
"supe que te amaba
-màs allà de toda duda-
el dìa en que estabas colocando un clavo en la pared
y te golpeaste con el martillo
y a mì me empezò a sangrar el dedo pulgar"
el viejito mirò sus piernas, tosiò y lo comprendiò todo.
el viejito sonrìo, guardò un martillo que tenìa cerca por si acaso y lo comprendiò todo....
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