Blogia
diario virtual de santa bárbara

cuento dos

el viejito contador de cuentos empezó a comerse las uñas. yas se había comido el palito con el que escribía sobre la arena, todas sus hojas de papel, unas palabras que tenía guardadas. solo le quedaba comerse los dedos.
no podía resistir las ganas de escribir, de desnudar su alma, de ofrecer regalos inciertos como la vida.
de protege, de cuidar de las muertes, de provocar esos saltos al vacio tan ricos para el estómago.
y no podía.
sabía que no debía escribir, que el día podía hundirse en un pozo de sombras si no podía encontrar su atardecer ensortijado y difuso antes de que el sol se hiciera noche.
empezó a pensar en otras cosas, el clima en noruega, el cambio de horas entre los esquimales, los besos de negra que vienen cubiertos de chocolate y granos de café...pero lo único que quería era escribir, construir un puente, un barco de palabras (robándole la idea al benedetti) para llegar, para escapar, para escapar, dije escapar....

"hola, te extraño", más allá del mar, de las olas, de lo divino, lo humano y lo profano, la sonrisa volvió al viejito casi calvo, la sonrisa, sus dedos enteros y las ganas de inventar la vida.
"a veces me parece que no entendieras la gravedad del asunto", el viejito lo entiende. sabe que se está jugando la vida.
la de él, la de los demás...todas las vidas.
y sabe que si no se juega la vida, no hay la posibilidad de ganar. y está tan encantado con vivir un atardecer que no le importa nada.
el viejito es valiente....y lo dice a los pelícanos que saben guardar los secretos, está enamorado...

0 comentarios